Carles Porta

Empezar de cero, cada día; y no rendirse nunca

Continuar
“Todos necesitamos, alguna vez, un segundo origen.
Esta afirmación es una metáfora de la vida y del momento actual”
 
Cuando compramos los derechos de la novela “Mecanoscrito del segundo origen”, en diciembre de 2007, no éramos conscientes de lo que realmente significaba. Los compramos porque nos parecía obvio: era el libro más leído en Cataluña porque desde 1974 era obligatorio en los institutos. Era el primer (o de los primeros) libros de ciencia ficción escritos en catalán y era recordado con entusiasmo por muchos lectores. Leído a los 12 o 13 años, suponía el descubrimiento de la sexualidad y, además, los protagonistas están solos en el mundo. Mayor aventura para un lector adolescente, imposible.

Teníamos claro que a nuestra “juventud” como productora había que sumar un gran nombre como director y ahí apareció Bigas Luna. Además, la propia hija de Pedrolo nos había dicho que Bigas y Pepón Coromina habían intentado, 25 años atrás, llevar el libro al cine pero que, por diversas razones y sinrazones, no pudo ser.

Bigas aceptó el proyecto a los 15 segundos de conversación. “Me encanta”, me dijo enseguida. Fui a verle a su casa de El Virgili, cerca de la costa de Tarragona, y creo que ese mismo día nació una gran amistad.

En esa época estaba de moda el 3D y a Bigas y a nosotros nos pareció buena idea plantear el proyecto en 3D. Bigas propuso también ser coproductor y coguionista y comenzamos el viaje.

El guión iba avanzando mientras el 3D iba perdiendo fuelle en los cines. Estuve tres años viajando de Lleida (donde yo vivía) a casa de Bigas Luna. Tres visitas semanales, mínimo, porque cambiamos muchas veces el guión en función de mil cosas que van apareciendo mientras un proyecto crece y porque íbamos adaptando la película al presupuesto que podíamos tener, entre otras cosas, renunciando al 3D.

Estábamos a mediados de 2012, antes del verano, y podíamos dibujar el calendario para rodar a finales de año. Estábamos muy satisfechos con todo. Y Bigas estaba muy ilusionado porque decía que sería “la primera película que verá mi nieto”, el hijo que esperaba Betty Bigas.

El 15 de agosto de 2012 me llamó Bigas.

Tengo que darte una mala noticia. Me han detectado leucemia y tengo que estar 6 meses fuera de juego.

El mazazo que recibí fue enorme. Me sentí vacío e impotente. Y no sabía qué decirle a mi amigo, coproductor y director del proyecto en el que llevábamos 3 años trabajando intensamente.
Él estaba sereno, pero triste. Le dije que lo importante era su salud y que si habíamos esperado tantos años, podíamos esperar seis meses a que él volviese a capitanear la nave.

Al día siguiente, a media mañana, me llamó. Estaba eufórico. Resulta que no estoy tan mal. Me han recetado quimioterapia oral y ni me ingresan. Me voy a casa o sea que, mañana, a las 10, te quiero en mi casa, tenemos que trabajar.

Fue impresionante ver las ganas y el empeño que Bigas puso en el proyecto a partir de ese agosto. Intensificamos las reuniones, iniciamos la búsqueda de localizaciones, hablamos con el equipo y, en diciembre, todo estaba preparado para rodar. Para no entrar en el crudo invierno leridano planteamos rodar en primavera y concertamos una primera lectura de guión para enero mientras cerrábamos la financiación con los bancos y se cerraban los contratos con belgas e ingleses.

Esas navidades Bigas me dio otra mala noticia, quiso que yo me quedase su 50% de coproducción y me dijo que debía ingresar, esta vez sí, en el Clínic para quimioterapia. “Sólo serán un par de semanas, en febrero”. No me gustó. Pero él era el primero en decir siempre “¡tú, tira. No pares, sigue adelante!”. Visto con el tiempo le di mucho más valor a sus palabras y a que, cada vez que dejaba su casa y me subía al coche, él me decía: “tú podrías dirigir, tienes talento y madera de director”. No le daba importancia. Bigas era un maestro para mí, me lo tomaba como un elogio después de cada reunión, de cada clase magistral.

Hicimos la lectura de guión en su casa el 17 de enero de 2013. Se lo pasó francamente bien. Tenía ante él al equipo que él quería, estaba eufórico con el proyecto. Estaba feliz. Al cabo de 10 días ingresó en el hospital y ya solo salió de él porque quiso morir en su casa.

No sé a quién se lo dije primero, pero esos días no paré de repetir que:

“El mejor homenaje a Bigas
será acabar la película”
Y ese mismo sábado por la mañana, hablando con Óscar Rodríguez, decidimos que el director debía ser yo. Nadie había trabajado tanto con Bigas como yo, nadie conocía el proyecto como yo y nadie le pondría más pasión. Además, quien se jugaba el dinero, también era yo o sea que… pero antes de tomar la decisión definitiva y hacerlo público nos esperaba otro calvario y, prácticamente, empezar de cero otra vez.

Bigas era uno de los grandes nombres del cine español. Yo no era nadie. Absolutamente nadie. Y había que convencer a los coproductores y a los dirigentes de las televisiones que el nuevo director sería “un novato con mucha ilusión”.

Y rodamos. Ese día, volví a llorar, pero poco, porque tenía mucho trabajo. Dirigir era un reto apasionante y asfixiante. Yo, que he estado 7 veces en la guerra como corresponsal, que he hecho de todos los deportes de riesgo que uno pueda imaginarse, jamás me habría imaginado generando tanta adrenalina como dirigiendo una película. ¡Qué brutalidad! Seguro que Bigas se tronchaba de risa viéndome.

Después, 7 meses en Londres para postproducción (montaje, efectos visuales, sonido, banda sonora). En enero de 2015 proyectamos la película a la viuda y a las hijas de Bigas. “A ver qué habrá hecho Carles Porta”. La duda era más que lógica. Y, siento repetirme, volvimos a llorar, pero esta vez de alegría, emoción y satisfacción”.

“Segundo Origen es una historia de amor nada convencional en un entorno post apocalíptico. Es una versión moderna de Adán y Eva y es una adaptación de los mitos de Edipo y Electra.

Un niño negro, Dídac (10 años), y su profesora de inglés, Alba (22 años) se quedan solos en el mundo tras la muerte de toda la humanidad. El padre de Alba, profesor universitario inglés afincado en Lleida, a donde ha venido tras la muerte de su esposa, realiza estudios sobre el cambio climático, es un científico muy preocupado, además, por la desaparición de las abejas y tiene obsesión en que su hija aprenda cómo se hace un huerto. “Si cuidas a la naturaleza, la naturaleza cuidará de ti”, le dice el padre a la hija.

Un cataclismo acaba con los seres humanos y destruye las ciudades. Dídac y Alba se salvan porque estaban bajo el agua y, al salir a la superficie van descubriendo, poco a poco, que están solos y deben comenzar de cero. Alba hace de madre de Dídac hasta que se convierte en un guapo adolescente. El amor predomina por encima de todas las cosas pero también surge de ellos la necesidad de procrear para que la humanidad no desaparezca. Hasta que llega un visitante inesperado, un hombre con el que primero entablan amistad hasta que los instintos primarios hacen emerger en todos ellos lo mejor y lo peor de la especie humana.

Segundo Origen es un film que Bigas Luna definía como “una película mujer”. La protagonista es una mujer que interpreta todos los papeles que puede hacer una mujer a lo largo de su vida. Y, además, es la madre de la nueva humanidad.

Y también es un canto al amor y a las segundas oportunidades. Todos, alguna vez, necesitamos una segunda oportunidad, la humanidad, también. Y ese segundo comenzar solamente será posible si se cimienta en el amor.

Después de 7 años luchando, la película llega a los cines y sé que volveré a llorar. Espero que sea la última vez y que sea de felicidad y emoción”.

”Sé que volveré a llorar. Espero que sea la
última vez y que sea de felicidad y emoción”